A menudo recordamos el pasado para lastimarnos, arrepentirnos y castigarnos por los errores cometidos, los fracasos vividos y las decisiones equivocadas, viajando con frecuencia por lugares de nuestra memoria en los cuales volvemos a vivir dolor.

Nada de nuestro pasado puede cambiar, eso es algo que debemos aceptar y asimilar, revivirlo una y otra vez en nuestra mente, no hará que cambie, pero si nos lastimará de nuevo.

Lo vivido queda atrás, y se guarda en nuestra memoria para que podamos aprender, no para sufrir constantemente.

Procesar el dolor es necesario y urgente para el futuro, pues mientras no se elimine la carga de sentimientos negativos de sucesos del pasado, es muy complicado aprender de ellos.

Este proceso puede durar días, semanas, meses, años, décadas o toda la vida, depende del trabajo interior que realicemos en nosotros el tiempo en el que estaremos procesando el dolor.

Debemos convertir las enseñanzas del pasado en inolvidables, no los momentos dolorosos y tristes, es el conocimiento que vive en ellos el que nos debe acompañar siempre.

Ningún error debe ser considerado pequeño o inútil, hacerlo sólo nos abocará a continuar el mismo camino errado.

El pasado se convierte entonces en una fuente de sabiduría, porque conocimientos valiosos existen en él, recuerda que quien no aprende de su pasado esta condenado a volver a repetir los mismos errores.

Sé que tanto tú como yo hemos cometido los mismos errores más de una vez, saberlo no cambia nada, pero nos ayuda a entender que no es algo a lo que somos inmunes ni de lo que estamos exentos.

La velocidad de nuestro aprendizaje no esta dada por la cantidad de errores cometidos, sino por nuestra capacidad para asimilarlos y aprender de ellos.

Enfrentamos las mismas situaciones varias veces en nuestra vida, por eso ir a nuestro pasado para recordar la causa del error y corregirlo en la nueva situación, es utilizar el pasado para tener un mejor presente y futuro.

El conocimiento adquirido nos debe hacer más cautelosos en nuestras decisiones, la experiencia, disminuir el riesgo con el que emprendemos nuevas actividades, y ambas, reconocer a quien nos quiere engañar.

El dolor que nos causaron los errores será en vano mientras no aprendamos de ellos, sufrir para nada no es un buen negocio, porque has perdido sin obtener nada a cambio.

Cuando aprendes de tus errores te conviertes en una mejor persona, cada vez más humana y más sabia.

¿Te gustó el artículo? ¿Quieres recibir los próximos en tu email? Suscríbete Gratis al Newsletter

Conecta con Eduardo en FacebookTwitter Instagram.